Ya todos sabemos que nos encontramos en una nueva etapa. En una realidad donde hay que convivir entre las crisis del ámbito social, económico, gubernamental, etc; junto con una “nueva normalidad” que plantea hasta nuevas maneras de saludar.

Es de conocimiento general, no es necesario explicar por qué las cosas ya no se hacen como antes; porque simple y sencillamente, el desarrollo de la humanidad enfrenta nuevos desafíos y problemas que más allá de ponernos en jaque abren paso a reflexionar, en este caso, en nuestro campo de acción: la gestión cultural. 

Un momento en donde cabe preguntarse cómo afecta el presente contexto al ámbito de la gestión cultural, ya que en función de la respuesta las soluciones se dirigirán en una u otra dirección. Así, ¿nos referimos solo a una falta de recursos económicos, o estamos también ante una falta de adaptación de las formas de gestión cultural tradicionales a las nuevas circunstancias ? (Albero, Díaz, 2012). Al respecto considero que ambas, para las cuáles propongo enfocarnos en 5 puntos, explicados a continuación. 

1 .- Diversificación de las fuentes de financiamiento: 

Muchas iniciativas y/o empresas creativas y relacionadas al gremio artístico-cultural han caído en una dependencia casi total de los programas gubernamentales o algunas fuentes de financiamiento externas. Recayendo el mayor porcentaje para su subsistencia en una sola fuente de financiamiento. Ahora, al desaparecer la misma o verse notablemente reducida, estas empresas y/o proyectos culturales cierran sus puertas o están cerca de dar fin a sus funciones.

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En esta situación; reitero las recomendaciones de expertos, tales como Andrea Nuñez o Sandra Ontiveros; referente a la diversificación de las fuentes de financiamiento. En donde no solo hay que ver esa beca del Fonca o la de la Fundación de BBVA como me tocó escuchar hace algunos años; sino que hay que ser conscientes de que existen, de acuerdo a Ana Belén Albero Díaz (2012), cuatro fuentes de ingresos: 

  1. Subvenciones y dotaciones públicas
  2. Donaciones privadas 
  3. Ingresos propios o los que genera la propia iniciativa ya sea por medio de taquilla o merchandising.  De hecho, sea cual sea la empresa cultural o creativa debe ser capaz de tener productos o servicios que le den ingresos propios de manera constante.
  4. Patrocinios provenientes del tejido empresarial.

Y una vez siendo consciente de lo anterior, no dudemos en buscar nuevas fuentes de financiación y  formas de gestionar la cultura, cualquiera que sea nuestro caso. Es decir, y en palabras de Ana Belén Albero Díaz (2012), mirar a las otras tres patas de apoyo económico que, en muchos casos, teníamos descuidadas y vemos necesario adaptarlas para continuar alimentando la cultura por y para las sociedades contemporáneas.

Bueno, tampoco hay que ser ilusos. Todas las opciones de financiamiento anteriormente mencionadas también se enfrentan a problemas económicos; en realidad es muy difícil encontrar iniciativas cuyo presupuesto para apostar por las artes y la cultura no se haya visto afectado. 

Es por ello que hay que abrirse de mente e interesarse por otras formas de financiamiento. 

Por ejemplo:

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Por otra parte, es necesario valorizar nuestro trabajo en el sentido económico. Denotar que no por ser trabajadores de las artes, cultura o de las empresas creativas vivimos del aplauso. 

En muchas ocasiones, soy consciente, requerirá cambiar el precio de las actividades, servicios y productos llevados a cabo en tu empresa y/o proyecto cultural; por lo que será necesario explicar correctamente al público usuario lo que hay detrás de cada función de teatro, concierto, artesanía, obra plástica o exposición.   

“Si sabemos transmitir su valor a la ciudadanía, ésta sabrá aceptar el coste que supone. Si no logramos hacerlo, será imposible que el esfuerzo de las entidades culturales [o de las ICC] se valore en su justa medida, traduciéndose en parámetros económicos que permitan sustentar la actividad cultural, al menos en parte”

Ana Belén Albero Díaz (2012).  

En relación al tema podemos apoyarnos de las redes sociales; actualmente, son un medio pertinente  y “barato” para conseguir valorizar nuestro trabajo, más allá de como herramienta de difusión y escaparate para mostrar lo que hacemos. 

Upps, me fui como hilo de media con el primer punto, que en resumen es: diversifica tus fuentes de ingreso o financiamiento.

Mejor, para no abrumarte, dejo los otros cuatro puntos para la próxima entrega.

Prometo sintetizar mejor.

Fuente consultada:

Albero Díaz, Ana Belén; “La gestión cultural en tiempos de crisis en las entidades sin ánimo de lucro. Una evolución necesaria”, [Web], TK, ASNABI, <http://www.asnabi.com/revista/tk24/albero_diaz.pdf> (consultado el 8 de noviembre del 2020).